SOPESUR – FORD 1967
Santiago – Temuco – Valdivia – Puerto Montt – Osorno – Concepción

Escrito por: Museo EFO Racing
 

La 4ª SOPESUR (1967) llegó con un aire distinto: más grande, más rápida y, sobre todo, más consciente de sus propias tensiones. Por un lado, la ambición de batir récords; por otro, el debate interno que ya venía creciendo: ¿se corre por una general única o por clases? La Federación zanjó el tema antes de que cayera la bandera: no habría una clasificación general “única” como premio principal; cada serie pelearía su propia gloria. Y aun así, la carretera —como siempre— terminó escribiendo su propia “general” a gritos.

Era un recorrido de 1.603 km (Nos–Temuco–Valdivia–Puerto Montt–Osorno–Concepción), coauspiciado por Ford, con neutralización larga en Temuco para ordenar el pelotón y evitar que la locura de los promedios se volviera aún más peligrosa.

Los ausentes y la presión de los que quedan

 

Se inscribieron 70, pero hubo bajas grandes antes de largar. La más comentada: Germán Picó, inscrito en un Jaguar, no corrió. También se restó Humberto Pizarro (venía desde Perú). Esos nombres importan porque en 1966 Picó había sido el símbolo del “auto moderno” dominando a los monstruos; y sin él, 1967 quedaba servido para una pelea más “terrestre”: la de los Ford y los Chevrolet, con un Mustang que venía anunciando tormenta.

Y en el centro de todo, Raúl “Papín” Jaras, bicampeón SOPESUR (64-65), otra vez con el N°1 pintado en el Chevrolet y con una frase que era mitad desafío, mitad cábala: “voy por el tercer año… y dicen que la tercera vez siempre ha sido favorable”. Pero lo que más se siente en sus palabras no es romanticismo: es el costo, la escasez de repuestos, la dureza del deporte. Ya no era sólo valentía: era logística, plata, neumáticos, suerte.

 

 

Primera etapa: el Mustang abre un agujero en el aire

 

La largada fue en tres grandes grupos, desde Nos. Y casi de inmediato, el camino empezó a contar lo que la gente repetía en voz baja: Claudio Ibarra y su Ford Mustang venían a cambiar el relato.

En Talca, su paso fue una bofetada de velocidad: 1h 07m 15s para 236 km, un promedio de 209,850 km/h. Una cifra que suena a exageración… hasta que la caravana siguió y el patrón se confirmó.

En Chillán, con el público apretando el puente del Ñuble y la entrada congestionada de niños y familias, el Mustang blanco entró primero y se llevó los aplausos “de estadio”. En Turismo Carretera, la punta era otra historia: Mario Queirolo lideraba, con Jaras cerca, y Perrota como amenaza argentina que siempre aparece donde duele.

Pero el día traía sombra. En Chillán se supo del accidente de Alejandro Díaz, que volcó hiriendo a espectadores. Y esa advertencia —que la SOPESUR siempre cobraba su parte— volvió más tarde con una violencia imposible de maquillar.

Renato Brambilla en su Ford Thunderbird

Temuco: récord, neutralización… y Valdivia como sentencia

 

En Victoria, Ibarra seguía primero. Había parado por bencina, bajó un poco el promedio, pero seguía dominando. Cuando llegó a Temuco, rompió el récord de Garafulic y lo hizo con tal diferencia que el relato habla de “hazaña”. La idea de promedios cercanos a 190 km/h ya no era marketing: era realidad.

Tras la neutralización, se reanudó hacia Valdivia y no hubo sorpresas: Ibarra ganó la etapa Nos–Valdivia y, peor para el orgullo de los TC, lo hizo con un tiempo superior al de ellos. Su registro: 4h 11m 38s (promedio 195 km/h). En Turismo Carretera, el ganador de la etapa fue Mario Queirolo con 4h 31m 03s, seguido por Carlos Griffin y Joaquín Perrota; Jaras quedó más atrás.

Germán Picó en su Austin Healey 3000

Tragedia en la meta: la fiesta se rompe

 

La primera etapa terminó con un golpe que marcó toda la edición. Apenas cruzada la meta en Valdivia, Hernán Lazcano, en su Volvo, habría quedado sin frenos (o habría frenado por un niño que intentó cruzar, según su versión) y el auto se fue hacia el público. La escena fue caótica. Hubo autos dañados, gente atropellada, ambulancias, gritos. Cinco personas murieron.

Ese hecho cambió el tono del Gran Premio. Ya no era sólo velocidad y récords: era duelo, silencio, responsabilidad. Lazcano quedó detenido; Griffin, pese al choque en la meta, decidió seguir, convencido de que su auto podía continuar.

Día de descanso: reparar fierros y recomponer el ánimo

El sol acompañó el descanso, como si el sur hubiese dado una tregua. Parque Cerrado, autos devueltos a las 9, reparaciones hasta las 17. Ibarra ajustando detalles de temperatura y capot; Baumer afinando la bomba del estanque auxiliar; Band buscando fugas de aceite bajo su Mini. Y, sobre todo, el ambiente cargado por lo ocurrido. No era un “día libre”: era un día para volver a pararse.

Segunda etapa: récords, trompos y un Ford a 240 km/h
 
La etapa Valdivia–Puerto Montt–Osorno–Valdivia partió con un minuto de silencio. Salieron cada 15 segundos según orden de llegada. Ibarra, Jaras, Perrota, Griffin, Queirolo…
 
La ruta tuvo de todo:
•Garafulic rompió el diferencial temprano y perdió casi dos horas.
•Cupertino volcó por no esquivar tambores señalizadores (sin heridos, por suerte).
•Tagle venía remontando como loco… hasta que un trompo y un pinchazo lo dejaron fuera.
 
En Puerto Montt, Ibarra volvió a llegar primero y volvió a quebrar marcas. Pero el tramo más desquiciado fue Puerto Montt–Osorno: Queirolo soltó la rienda a su Ford F-100 y lo llevó a unas 6.200 rpm, cerca de 240 km/h, para ganar la subetapa con un promedio de 220,600 km/h. Era una locura técnica y humana, de esas que sólo se entienden en esa época.
 
De vuelta a Valdivia, el público formaba una “muralla humana” al costado del camino. Para evitar otra tragedia, el director Luis Campos Camus se puso 500 metros antes de la meta con bandera amarilla para obligarlos a bajar. Ibarra llegó primero otra vez. Jaras ganó entre los TC ese día, y Garafulic, ya retrasado, terminó abandonando al final.
 
En Parque Cerrado el tema era uno: los promedios. Ibarra era el único que no aflojaba. Los demás “calculaban”, cuidaban rivales de serie, administraban.
 
Última etapa: sol, cuchillo y la firma de una gesta
 
La última largada fue a las 8:00, con intervalos de 15 segundos. Día de sol en Valdivia. Y con máquinas reparadas, el duelo prometía.
 
A los 25 minutos, en Loncoche, Ibarra ya iba primero. A 10 segundos, Jaras. Y detrás, el grupo de siempre: Perrota, Rebolar, Queirolo… pero con un fantasma reapareciendo: Garafulic, que venía pasando autos a ritmo de locura, incluso con mejores tiempos parciales.
 
En Temuco, la subetapa cayó otra vez del lado de Ibarra: 53’20’’, con Jaras muy cerca. Pero el dato que asomaba como puñal fue otro: Garafulic marcó el mejor tiempo parcial (52’29’’), demostrando que, aunque su carrera estuviera torcida, su velocidad seguía intacta. Sin embargo, la mecánica lo terminó de cansar: en el camino anunció que no seguiría. También Griffin quedó fuera por una pana.
 
De ahí hacia el norte —Victoria, Malleco, Cabrero— Ibarra siguió dominando los tramos rectos con una superioridad que parecía “de otra galaxia”. Jaras, sólido, reafirmaba su condición de N°1 del país. Y Queirolo, paciente y rápido, iba construyendo su propia victoria: la de Turismo Carretera.
 
 

 
Concepción: el Mustang hace historia y el TC tiene su propio rey
 
En la meta, Luis Campos bajó la bandera por primera vez cuando Claudio Ibarra llegó a las 10:55:42, cerrando una carrera sin entregar el liderato en los puntos clave. Su tiempo total fue de 8h 49m 15s, con promedios que quedaron grabados como una proeza nacional. El Mustang no sólo ganó: dominó.
 
Raúl Jaras llegó después, confirmando su estatus y asegurando otro título nacional, con la serenidad del campeón que sabe cuándo apretar y cuándo sobrevivir.
 
Pero la historia del TC esa vez tuvo un giro precioso: Mario Queirolo se quedó con la clasificación general de Turismo Carretera, superando a Jaras en el cómputo de la serie. Y lo hizo con una carrera inteligente, con el respaldo y plan de un viejo zorro: Bartolomé Ortiz, que lo asesoró para no castigar bielas salvo en el tramo perfecto (Puerto Montt–Osorno), donde rompieron todos los promedios históricos.
 
Lo que realmente fue la SOPESUR 1967
 
Esta 4ª edición no se recuerda sólo por tiempos. Se recuerda porque tuvo las dos caras del automovilismo de ruta:
•La gloria técnica y deportiva: Ibarra y su Mustang firmando una de las actuaciones más dominantes de la saga; Queirolo llevando el TC al límite; Jaras reafirmando su reinado.
•La herida humana: la tragedia en Valdivia que obligó a correr con otro peso en el pecho, y a entender que el espectáculo tenía un costo real.
 
Y quizás por eso, la SOPESUR 1967 se siente como una bisagra: todavía épica y desatada… pero ya con la conciencia de que la carretera no perdona.

Clasificación por “categorías”:

TC

Serie “A”

Serie “B”

Serie “C”

Serie “D”

Serie “E”