Escrito por: Museo EFO Racing – 10 de abril de 2026
Entre las décadas de 1920 y 1980, la radio no solo transmitía información; era el principal factor de cohesión social en Chile. Su papel fue crucial al unir al país mediante las crónicas de las grandes carreras de ruta. En aquellas épocas, la Panamericana se convertía enun escenario vivo: los autos
rugían frente a las casas de miles de chilenos, transformando las Plazas de Armas en parques cerrados y puntos de encuentro ciudadano.
Museo EFO: Don Daniel, bienvenido. Hoy estamos habituados a la inmediatez del 5G, pero hubo un tiempo en que Chile se paralizaba frente a un receptor. Desde su perspectiva técnica, ¿cómo se lograba esa “magia” del directo cuando la televisión aún era un actor secundario?
Daniel Bravo: Es un gusto. En las décadas del 70 al 90, que fue mi época, la transmisión radial era un ejercicio de ingeniería artesanal y pura voluntad. Dependíamos de la vía telefónica o la Línea Privada (LP). El desafío era logístico: había que situar la línea lo más cerca posible del evento. Para
llegar a una caseta de transmisión o al borde del camino, tirábamos cables paralelos —a veces por arriba de los árboles— usando hasta siete rollos de 100 metros cada uno. Instalábamos circuitos con amplificadores y mezcladores manuales para que la señal llegara limpia a los estudios
centrales.
Museo EFO: En ese despliegue de ingenio, usted menciona un equipo legendario llamado “La Bomba”. ¿Qué era exactamente y por qué marcó una diferencia para los periodistas?
Daniel Bravo: ¡La famosa Bomba! Se llamaba así porque, literalmente, tenía esa forma. Era un equipo de fabricación casera, diseñado por los mismos técnicos de la radio. Consistía en una cápsula de micrófono con un transformador para limpiar y amplificar el sonido. Con el tiempo
evolucionó a una cajita de cinturón con potenciómetros. Era vital porque permitía al periodista tener retorno; por un cable iba la voz y por otro recibía el audio de la radio. El problema era que el cable limitaba el movimiento, ¡y en los estadios los cables de distintas radios terminaban todos enredados!
Museo EFO: En el automovilismo, donde el escenario es una carretera de cientos de kilómetros, ¿cómo lograban capturar el rugido de los motores en tiempo real?
Daniel Bravo: Ahí entraba la tecnología de los móviles en ruta. Usábamos antenas potentes y consolas mezcladoras sobre vehículos. Un punto clave era el despliegue de motocicletas con un comentarista como acompañante, quien transmitía vía Walkie-Talkie hacia una base receptora conectada a la mesa de control. Si bien para la Vuelta Ciclística el gran aliado fue el Radio Club de Chile con sus puentes de alta potencia, en el automovilismo refinamos el uso de la telefonía convencional para mantener la señal viva a lo largo de la ruta.
Museo EFO: ¿Con qué grandes figuras de la narración deportiva le tocó colaborar en esos años?
Daniel Bravo: Tuve el privilegio de trabajar con leyendas que marcaron la identidad del deporte chileno:
Museo EFO: Don Daniel, su testimonio nos recuerda que la radio no solo informaba, sino que ayudaba a imaginar un país. Gracias por conservar esta memoria técnica para el Museo EFO.
Daniel Bravo: Gracias a ustedes. Hoy tenemos microondas y satélites, pero el ingenio de esos años con cables y transformadores cumplió su misión: mantener a Chile unido gracias a la pasión por el motor.