La Cinematográfica historia del Baufer SP – encontrado finalmente en Chile

Investigación realizada por Iván Ortúzar y Ricardo Kobler. Junio de 2016
 
(Izquierda a derecha) Iván Ortúzar, Alain Baudena y Ricardo Kobler en Buenos Aires
El auto que encargara Vianini en proceso de construcción que actualmente esta en Museo EFO Racing

En el Autódromo Parque General San Martín de Las Flores (Provincia de Buenos Aires), Argentina, el trágico accidente de Andrea Vianini desencadenó una serie de hechos inesperados que nos llevan de la mano de un farmacéutico de Concepción a una historia sorprendente. Esta historia tiene como protagonista a un automóvil que se convirtió en leyenda, cuyo destino —o quizás el azar— lo trajo a estas tierras, mientras que su primer propietario terminó postrado en una silla de ruedas hasta el final de sus días, que se apagaron en Milán, Italia, hace apenas unas semanas. (Izquierda a derecha) Iván Ortúzar, Alain Baudena y Ricardo Kobler en Buenos Aires. Vianini competía en la categoría Sport Prototipo a bordo de un Baufer cuando sufrió el accidente que lo dejó parapléjico de por vida. Aquel trágico suceso marcó el final de su carrera deportiva y transformó radicalmente su destino. 

En ese entonces, Andrea Vianini tenía 32 años. Era un piloto talentoso y un playboy reconocido, hijo del importador de Alfa Romeo en Argentina. Su trayectoria, digna de un libro, incluía una destacada carrera en motociclismo, una exitosa incursión en Europa y un futuro prometedor en el automovilismo. Meses antes del accidente, Vianini había encargado un Sport Prototipo a Alain Baudena para su cuñado, Eduardo Blaquier. Sin embargo, el destino quiso que el auto quedara sin pagar, pasando a ser propiedad del taller de Baudena, BAUFER, en Buenos Aires. Durante un tiempo, el vehículo permaneció arrumbado en un rincón del taller, hasta que, según relata el propio Baudena, “llegaron unos chilenos, lo vieron y se lo llevaron”.

Paralelamente, en la ciudad de Concepción, a 500 km al sur de Santiago de Chile, vivía Luis Hinrichs, de ascendencia alemana, químico farmacéutico y gran amante de los autos deportivos. Luis era participante esporádico de competencias automovilísticas y había incluso presidido el club de automovilismo de esa ciudad. En su vida diaria era propietario y administraba una cadena de farmacias y permanentemente se le veía disfrutando su Mercedes Benz entre los trayectos de farmacia en farmacia y por las carreteras de toda la región del Bio Bio. Pero como a todo fanático de la velocidad, a don Luis le rondaba una fantasía: Tener un pura sangre de carrera, un auto único “como los que salen en AUTOMUNDO”. Esto en un país que tenía cerrada sus fronteras a la importación de cualquier producto, parecía más bien un sueño imposible que algo realizable, pero a Luis Hinrichs pocas cosas podían disuadir si se ponía un objetivo entre ceja y ceja. Por otro lado, en ese mismo Chile utilizar para sus aficiones deportivas un Mercedes Benz se traduce inevitablemente en elevadas facturas que le cobraba Kaufmann, representante de Mercedes. El manejo “alegre” de Luis tenía que buscar nuevas y más accesibles alternativas

Alain Baudena recibió el encargo de fabricar, basándose en este diseño, tres Sport Prototipo: uno color rosa para Andrea Vianini, según la sugerencia de su esposa, otro para su cuñado, Eduardo Blaquier, que es el que se encuentra en este museo (único sobreviviente) y el tercero, celeste, para Jorge Cupeiro.

Gran campamento de verano.

Además de la velocidad, la vida al aire libre era una pasión para Luis. Por ello no fue extraño que terminado el año escolar del año 1970, Luis se ofreciera por segunda vez trasportar y a acompañar al grupo de Scout, al cual pertenecían sus hijos, a pasar las vacaciones de verano de 1971 a un campamento en la ribera de la laguna Icalma, próximo al paso fronterizo Icalma y cercano a la ciudad de Aluminé en el sur de Argentina, destino turístico frecuentado por los habitantes del sur de chile. En el campamento del año anterior se había dado cuenta que el paso solo tenía una barrera y dos carabineros, los que eran muy amigables e incluso les habían permitido visitar sin mayores formalidades la ciudad fronteriza (aquí fue cuando su mente rápida y sagaz, fraguó el plan que nos permite atesorar esta gran historia).

La iniciativa llenó de entusiasmo a sus participantes y mucho más a Luis, para él se trataba de algo mucho más ambicioso que solo un campamento de verano, el que solo era parte de una estrategia mucho más atrevida: Finalmente cumpliría su sueño del auto de carreras propio y por sobre todo, único. La logística del campamento no era fácil y mucho menos lo era la del plan B que su cabeza elucubrar desde hacía meses. Él y su amigo mecánico Andres Adúnate y los cerca de 30 Scout se dirigen a la laguna Icalma, en Alain Baudena recibió el encargo de fabricar, basándose en este diseño, tres Sport Prototipo: uno color rosa para Andrea Vianini, según la sugerencia de su esposa, otro para su cuñado, Eduardo Blaquier, que es el que se encuentra en este museo (único sobreviviente) y el tercero, celeste, para Jorge Cupeiro. dos camiones medianos con todos los menesteres para tal aventura; sacos de dormir, carpas, maletas, botes, motores, medicamentos, provisiones, juegos, etc. La alegría era desbordante, la aventura era promisoria. Luis mantenía en secreto el verdadero objetivo de su viaje veraniego.

El secreto

Después de una semana de campamento, Luis y Andres se despiden y en uno de los camiones toman rumbo a Buenos Aires, avisando que en una semana estarían de regreso. Los jóvenes se preguntaban a qué iban y conjeturan todo tipo de teorías. Nadie se imaginó lo que traerían de regreso. Llegan a Buenos Aires después de una larga jornada de manejo. Deciden alojar y reponer fuerzas. Al día siguiente y sin anunciarse, se dirigen al taller de Baufer (Baudena – Febrer) con el firme propósito de comprar un auto de carreras. ¿Por qué donde Baufer? La Revista Automundo lo menciona reiteradamente y sin duda era un taller de referencia para los chilenos, en ese lugar se acababan de terminar de construir los dos prototipos Ford sobre base Falcón que Ford Motor Chile había encargado a los Baudena, para que Garafulic e Ibarra le hicieran frente a los Chevrolet de Gimeno, Kovacs y Rebolar, además de ser un lugar obligado de peregrinación para quien quisiera tomarle el pulso al automovilismo argentino de ese época. Es ahí donde ven, en un rincón del Taller, el auto en el que el infortunado Andrea depositaba tantas ilusiones. Ya no tendría más dueño y el anuncio que los SP argentinos optarían por el motor trasero lo dejaría desactualizado en pocos meses, por ello la oferta, suponemos generosa, es rápidamente aceptada y el SP tenía un nuevo dueño y un destino al otro lado de la Cordillera.

El regreso

Inmediatamente comprado el auto, Luis toma la decisión de desarmarlo, de acuerdo al plan trazado en Concepción. Pide ayuda a un mecánico de Baufer llamado Carlos Calliari; rápidamente motor y caja, fuera. Puertas y tanque de combustible, fuera. Diferencial, fuera. Tarea cumplida. Comienza el viaje de regreso, ahora con un Sport Prototipo desarmado como carga, completamente nuevo y sin uso, que representa lo mejor de la tecnología y conocimiento de la época. En Icalma es el último día del campamento de verano. Se levantan las tiendas, se guarda todo y se cargan los camiones. Los jóvenes se encuentran con fierros, neumáticos, puertas y más fierros dentro de ambos camiones. No podían saber que estaban frente a un testigo del glorioso SP – Sport Prototipo, la época dorada del automovilismo argentino, chileno y sudamericano. De cómo Luis cruzó la aduana poco sabemos, pero suponemos que su incipiente amistad y picardía fueron suficientes para los carabineros. Solo nos podemos imaginar a jóvenes alborotados, cantando y tocando la guitarra. Los mayores que los acompañaban trataron de controlarlos, sin buenos resultados, Luis seguramente parecía cómplice de sus travesuras. Reinaba la alegría de la juventud y de las vacaciones. Pronto y sin novedad la caravana llega a Concepción.

 

Luis Hinrichs y su mujer Toti
Baudena - Vianini - Eduardo Blaquier - Dolores

¡Cuando lo mejor, no lo es!

Por fin Luis tenía su auto de carreras. Ahora tenía que armarlo. ¿Qué mejor que el propio mecánico de Baufer lo hiciera? ¡Así fue! Varios meses después el Sport Prototipo lucia gallardo en el galpón de los medicamentos del químico alemán. Ya es invierno, el clima se vuelve lluvioso y frío. 

En Concepción no hay autódromos. Luis decide esperar un sábado soleado. Por fin un día de plena luz que anuncia la primavera. Elige la ruta que une Concepción con el vecino puerto de Talcahuano para la primera prueba. A pesar que se había subido en varias oportunidades al auto, tuvo problemas para hacerlo, también para arrancar el motor y finalmente no pudo adaptarse a la caja de cambios ni a la posición de manejo. Ese sábado no resultó satisfactorio para Luis. 

El domingo lo intenta nuevamente, el auto como todo prototipo de la época tenía volante a la derecha y por ello le costaba mucho pasar los cambios con la mano izquierda. El auto era demasiado bajo, incómodo. No se pudo adaptar a su manejo. Después de un cortísimo recorrido, decidió dar por terminada la prueba y el auto volvió al galpón de los medicamentos. El parque automotriz en chile en el año 1971, y más en el Bio Bio, era pequeño y anticuado. 

Este Baufer causó sensación en la poca gente que lo vio en su primera prueba. Era como “un platillo volador” decía la gente. Varios meses después, ya en verano, en la misma ruta, Luis efectuó una serie de pruebas de manejo con resultados desalentadores. 

El final

Un día domingo, un grupo de jóvenes estaba conversando y jugando en un pequeño prado frente a la carretera cuando pasa Luis en su Baufer y se detiene cerca de ellos. Corren al auto y lo encuentran descompuesto y tratando de bajarse del auto en forma torpe y desesperada. Los jóvenes rompen entre risas y burlas. La incómoda situación fue el principio del fin de la relación de amor de Luis y el Sport Prototipo, el que tal como después del accidente de su primer propietario en Las Flores volvió a ser guardado en un rincón de un taller, ahora en la lluviosa ciudad de Concepción. 

Luis, en los años siguientes, en un inútil esfuerzo de reconciliación, manda a pintar el auto azul y luego amarillo. Lo cierto es que nunca más le dio partida. Quedó guardado hasta su fallecimiento en el año 1992.

El nuevo comienzo

En marzo del año 1993, Fernando Castillo Von Bennewitz, vecino de Luis, compra el Baufer a sus herederos. Por los 23 años siguientes, Fernando fue el custodio de este Sport Prototipo. Lo mantuvo consigo en todo destino que lo llevo su trabajo. Nunca se separó de él, fiel a la relación de admiración y cariño que se produjo cuando muy joven, de muchacho, lo vio por primera vez en la casa de Luis. Es únicamente suyo el mérito de que esta pieza de historia esté intacta el día de hoy. El 24 de junio de 2016, Fernando transfiere la propiedad del Baufer SP a EFO Racing, entidad que se decida a la búsqueda, restauración y preservación de automóviles históricos de carrera.